Hoy comienzo esta ventana, una más de los millones que pueblan la red. No tengo grandes pretensiones ni me propongo sentar ninguna cátedra o hablar (escribir) desde ningún púlpito. Sólo deseo, por puro divertimento, plasmar mis opiniones, reflexiones o dudas para compartir con quienes libremente quieran mirarlas. Aquí no se encontrarán exabruptos ni marrullerías, sino palabras sinceras que, equivocadas o no, serán fruto de la reflexión sensata y de la libertad, de esa libertad que la capital de este Territorio Norte siempre gozó desde su fundación, salvo en un corto periodo de tiempo (de 1442 hasta 1488) en que estuvo sometida bajo el poder feudal de los Duques de Plasencia. La ciudad se sublevó y logró recuperar su ansiada libertad. Los placentinos grabaron en piedra al año siguiente: “Ni todo el oro del mundo, ni todas las piedras preciosas, ni todos los tesoros de la tierra, son comparables a la libertad de la vida. La libertad hizo noble al pueblo placentino. El futuro está en la libertad”.
Esa roca es hoy la "Piedra de la Libertad" y luce como nueva en la entrada noble del Ayuntamiento. A ella me acojo.