De todas las injusticias que la vida cometió contigo, la peor, sin duda, ha sido despojarte de la memoria, robarte tus recuerdos y dejarte desnudo de ti mismo. Por eso hoy quiero honrarte con la mía, prestarte mis recuerdos y compartir contigo sólo un poco de lo mucho que nos diste.
Puedo recordar y recuerdo, como elevaste a la categoría de normal lo que
a nivel de calle era plenamente normal, permitiendo que el pueblo español,
tantas veces silenciado, pudiera escribir su destino.
Puedo recordar y recuerdo, como en apenas unos meses, desmontaste el
complejo entramado de la dictadura y abriste las puertas a un nuevo
ordenamiento democrático a través de la
Ley de Reforma Política.
Puedo recordar y recuerdo, como impulsaste la elaboración de una
Constitución en colaboración con todos los grupos representados en el
Parlamento, una norma de consenso que hoy sigue vigente y que ha impedido que
el sistema democrático de convivencia fuera, una vez más, un paréntesis en la Historia de España.
Puedo recordar y recuerdo, en fin, como
lograste en menos de cinco años, ser el mejor presidente del Gobierno de España, luchando cada día en el peor de los escenarios posibles, acuciado por la crisis
económica, el paro, el terrorismo, los militares y hasta tus propios
compañeros.
También puedo recordar y recuerdo, como los
que ahora se dan codazos para glosar tu figura en los medios de comunicación,
te apuñalaban por la espalda o te acosaban en el Parlamento con el único fin de
hacerte desaparecer de la vida pública para repartirse tus despojos.
Y puedo recordar y recuerdo, como un día de
hace ya mucho tiempo me uní a ti y a tu nuevo proyecto político, el CDS,
consiguiendo lo que parece imposible en esa selva de los partidos: ser
feliz, muy feliz, haciendo política y hacer amigos, algunos amigos, dentro de ella.
La vida que tanto te quitó te está dando
hoy el lugar que llevas mereciendo tanto tiempo.
Gracias Presidente. Aquí tienes mi memoria
a tu disposición.
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