Retomo el fútbol como tema de esta tribuna de opinión. Y lo hago en primer lugar felicitando al Atlético de Madrid por haber conseguido el título. Un campeonato que, si hacemos caso a las últimas jornadas, no se lo ha llevado el mejor, sino el menos malo. Aún así, hay que valorar el mérito del flamante campeón, logrando imponerse ante dos rivales, Madrid y Barcelona, que están muy por encima en presupuesto y en plantilla.
Ha sido incapaz de imponer un estilo propio y definido al juego del equipo. Después de unos comienzos desconcertantes y desesperantes hemos llegado al final de la liga con lo que ya teníamos antes: el contraataque como principal arma.
Ha hecho experimentos absurdos en las alineaciones que nos han costado buenos sustos y, lo que es peor, algunos puntos.
No ha sabido motivar a un equipo cuando se estaba jugando la liga en los últimos partidos. La actitud en los choques con el Valladolid, Valencia y Celta han sido una vergüenza para el escudo, no por empatar o perder, sino por la forma de hacerlo. En esos partidos, además de tirar la liga y resucitar al Barcelona, se traicionaron las señas de identidad más sagradas del madridismo: sacrificio, pundonor y salir siempre a ganar. El espíritu que inculcó don Santiago Bernabéu y que interpretaron a la perfección Miguel Muñoz o Luis Molowny cuando entrenaron el equipo con aquellas remontadas épicas en las eliminatorias de Copa de Europa, quedó burlado en estos encuentros.
Me ha parecido que Ancelotti, después de ganar la Copa del Rey y llegar a la final de Champions, se ha acomodado. Debe pensar que si gana en Lisboa será un éxito la temporada y si no lo hace, no será un gran fracaso porque al menos hay un título. No sé si esto es así o no, pero no encuentro razón alguna para entender lo sucedido en estos últimos días con la Liga. Se ha perdido una oportunidad de oro para optar al triplete sin saber por qué y sin que nadie lo haya explicado todavía.
El Real Madrid es el mejor equipo de fútbol del mundo por su palmarés, y lo es precisamente por salir siempre a ganar, por luchar hasta el último minuto, por optar a todo y no dar nada por perdido. Un equipo así no debe tener un entrenador que ignore estos valores, como tampoco debe permitir en sus filas mercenarios que no sienten la camiseta, sino los ceros de sus contratos.
Después de Lisboa, sea cual sea el resultado, Ancelotti debería marcharse y al Madrid entrenarlo alguien de la casa que conozca la institución y, sobre todo, sus valores más sagrados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario