Ayer, 6 de noviembre, se nos fue Antonio Quintana. En estos momentos de enorme tristeza para todos los que le conocimos y tratamos, sólo quiero expresar mi pena y acercarme lo más posible a su familia. Quienes tuvimos la suerte de compartir con él, además del escaño, la mesa, el mantel y la amistad, nunca olvidaremos a este hidalgo de las buenas maneras y la mejor conversación.
¡Cuánto ganan en el cielo y cuánto perdemos aquí!
Hasta siempre, amigo.
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