miércoles, 25 de diciembre de 2013

Nochebuena a oscuras

   Joan Manuel Serrat cantaba aquello de: "Gloria a Dios en las alturas, recogieron las basuras de mi calle, ayer a oscuras y hoy sembrada de bombillas" para explicarnos como preparaban su barrio para la Noche de San Juan. 


    Si Serrat hubiera vivido en mi barrio, por cierto el de San Juan, a buen seguro hubiera terminado por cantar una y otra vez el inicio de otra de sus canciones de éxito: "Harto ya de estar harto, ya me cansé..." Porque así se sentiría si viviera en la calle Jesús Nazareno de Plasencia. Calle de la melancolía a fuerza de estar sumida un día sí y otro también en la oscuridad. Tal es la frecuencia de los apagones que un día un vecino me confesó convencido que creía que lo hacían como medida de ahorro energético y, lo único que no se explicaba era por qué no dejaban alguna encendida.

      Sabiendo como sé que los responsables del asunto, léase Ayuntamiento,  están al tanto de ello, no sólo por las llamadas de los vecinos, sino también por haberlo comunicado personalmente, aún no me explico que complicado problema eléctrico puede existir para que en pleno siglo XXI y en tanto tiempo no haya podido ser resuelto y permita que cientos de personas lleven dos días, 23 y 24 de diciembre, sufriendo el temporal en plena oscuridad. Obligados a salir y entrar en casa con la linterna como si estuviéramos en los peores años de la posguerra española.

     ¡Ya está bien!     

domingo, 15 de diciembre de 2013

Sensaciones

   Si analizamos someramente la situación por la que atraviesa la actualidad española, hemos de concluir que las sensaciones no son buenas. 

    Nuestro país se encuentra sumido en un berenjenal que afecta a todos los pilares en los que se asienta el Estado democrático. Ya no queda títere con cabeza y, así, no es extraño que exista un descrédito general  de tal calibre que la sociedad española ya no sepa en quién confiar.

    La corona, Institución tradicionalmente valorada y querida por la mayoría, se encuentra en una crisis monumental por motivos tan plebeyos como el tráfico de influencias y los pelotazos económicos del yerno del Rey. Y lo peor de todo es que la mayoría de españoles tiene la sensación  que desde palacio no se hizo todo lo que se debió hacer.

     Los dos principales partidos políticos, representantes de la soberanía popular, se encuentran inmersos en turbios asuntos de corrupción. Y lo peor de todo es que la mayoría de españoles tiene la sensación que Bárcenas y los ERE de Andalucía tienen mucho de verdad y sólo son un botón de muestra de lo que se ha venido haciendo desde hace muchos años.

     Los sindicatos, pilar esencial en el Estado, se encuentran más que bajo sospecha por haber utilizado los dineros públicos de manera arbitraria para fines vergonzosos. Y lo peor de todo es que la mayoría de españoles tiene la sensación de que los problemas de UGT Andalucía son sólo la punta del iceberg de lo que ha sido una práctica habitual.   

     El Poder Judicial, que debería ser independiente por propia definición y  garante de la división de poderes que caracteriza a todo sistema democrático, se encuentra intervenido por los partidos políticos que pactan sin rubor las cuotas de jueces afines que deben integrar el Consejo General del Poder Judicial. Y lo peor de todo es que la mayoría de españoles tiene la sensación de que no hay independencia y que en función de quién seas, así te tratará la justicia.

      El Gobierno, garante y defensor de la legalidad, se encuentra como paralizado, hablando mucho y actuando nada,  ante los desafíos continuos que llegan un día sí y el otro también desde las Instituciones de  Cataluña. Y lo peor de todo es que la mayoría de españoles tiene la sensación de que todo va a continuar igual.

         Con este panorama no es de extrañar que los españoles no sepan en qué ni en quién confiar.

         Las sensaciones, como los sueños, sensaciones son.