Si analizamos someramente la situación por la que atraviesa la actualidad española, hemos de concluir que las sensaciones no son buenas.
Nuestro país se encuentra sumido en un berenjenal que afecta a todos los pilares en los que se asienta el Estado democrático. Ya no queda títere con cabeza y, así, no es extraño que exista un descrédito general de tal calibre que la sociedad española ya no sepa en quién confiar.
La corona, Institución tradicionalmente valorada y querida por la mayoría, se encuentra en una crisis monumental por motivos tan plebeyos como el tráfico de influencias y los pelotazos económicos del yerno del Rey. Y lo peor de todo es que la mayoría de españoles tiene la sensación que desde palacio no se hizo todo lo que se debió hacer.
Los dos principales partidos políticos, representantes de la soberanía popular, se encuentran inmersos en turbios asuntos de corrupción. Y lo peor de todo es que la mayoría de españoles tiene la sensación que Bárcenas y los ERE de Andalucía tienen mucho de verdad y sólo son un botón de muestra de lo que se ha venido haciendo desde hace muchos años.
Los sindicatos, pilar esencial en el Estado, se encuentran más que bajo sospecha por haber utilizado los dineros públicos de manera arbitraria para fines vergonzosos. Y lo peor de todo es que la mayoría de españoles tiene la sensación de que los problemas de UGT Andalucía son sólo la punta del iceberg de lo que ha sido una práctica habitual.
El Poder Judicial, que debería ser independiente por propia definición y garante de la división de poderes que caracteriza a todo sistema democrático, se encuentra intervenido por los partidos políticos que pactan sin rubor las cuotas de jueces afines que deben integrar el Consejo General del Poder Judicial. Y lo peor de todo es que la mayoría de españoles tiene la sensación de que no hay independencia y que en función de quién seas, así te tratará la justicia.
El Gobierno, garante y defensor de la legalidad, se encuentra como paralizado, hablando mucho y actuando nada, ante los desafíos continuos que llegan un día sí y el otro también desde las Instituciones de Cataluña. Y lo peor de todo es que la mayoría de españoles tiene la sensación de que todo va a continuar igual.
Con este panorama no es de extrañar que los españoles no sepan en qué ni en quién confiar.
Las sensaciones, como los sueños, sensaciones son.
Las sensaciones, como los sueños, sensaciones son.
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