jueves, 14 de junio de 2012

Cerrando el círculo


    Todo el mundo ha oído alguna vez la célebre frase “Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible”. Esta sentencia, atribuida al famoso torero Rafael Gómez “El Gallo”, pero que en realidad parece pertenecer a un ministro de Napoleón llamado Talleyrand, aunque seguramente el ingenioso matador también la dijera a su manera; sirve perfectamente para retratar el momento que viven las finanzas del Estado.

   Después de medidas y más medidas contra la crisis a base de repartir dinero público, la caja del Estado está ya en números rojos y  no queda más remedio que tomar medidas para seguir teniendo unos ingresos que permitan seguir gastando. Esto es, subir los impuestos.

   El gasto desbocado de un Gobierno incapaz y la caída de los ingresos por el parón del consumo han herido de muerte a las arcas públicas. El Ejecutivo en lugar de llevar a cabo un plan de austeridad y un estudio serio de cómo acometer los retos de la crisis sin hipotecar a las generaciones futuras, vuelve a tomar el camino más fácil: subir los impuestos para tener más dinero y poder seguir gastando.

   Los datos oficiales de la situación económica española comparados con los de los países de nuestro entorno ya no dejan duda de nuestra gravedad y de que los argumentos sobre una crisis global que no tiene que ver con las políticas o los gobiernos nacionales, no se sostiene. Mientras Francia, Alemania o Inglaterra, por no mencionar a EEUU, están dando ya signos de recuperación, aquí nos encontramos en el peor momento económico con una caída del 4,2% del PIB y  una destrucción de casi un millón y medio de empleos en un año.

   El consumo de los hogares continua cayendo. Es significativo que El Corte Inglés, un verdadero termómetro de la economía familiar,  haya visto reducidos sus  beneficios casi en un 50% o que el líder de las grandes superficies, Carrefour, haya perdido en el primer semestre del año 58 millones de euros frente a los más de 700 millones que ganó en el mismo periodo del año anterior.

   La realidad, la triste realidad, es que nuestra economía no levanta cabeza y la política de subsidios y de creación de puestos de trabajo precarios e improductivos, además de ser pan para hoy y hambre para mañana, no contribuye a la solución del problema, al menos en la misma medida e importancia de los recursos empleados.

   Al final, como dice el dicho, lo que no puede ser, no puede ser. Cuando se saca más de lo que se mete, la caja se vacía y para cerrar el círculo no hay más remedio que tomar medidas. Las hay más fáciles y más difíciles. Está claro que a este Gobierno y a este Presidente no les gustan los retos complicados. Negaron la crisis y perdieron un tiempo precioso, después sacaron la chequera y repartieron dinero sin acierto y ahora, los de siempre, los que viven de una nómina,  no los ricos como afirman de forma demagógica,  deben pagar sus errores, excesos y alegrías con el dinero público a través de más impuestos que, finalmente, sólo servirán para crear más paro y recesión.

** Artículo publicado en "Extremadura al día" el 30 de agosto de 2009, preludio de lo que sucede hoy.

    

miércoles, 13 de junio de 2012

Lo importante



      En épocas de dificultad como la que atravesamos no faltan las voces que reclaman pactos y consensos sobre asuntos fundamentales  que ayuden a salir adelante y a paliar los efectos más negativos de la crisis. Se rememoran acuerdos pasados como los míticos “Pactos de la Moncloa” en tiempos de Adolfo Suárez y desde casi todas partes se insta a Gobierno, partidos políticos y agentes sociales a ponerse de acuerdo y arrimar el hombro, dejando a un lado intereses, posiciones partidistas o estrategias electorales.

      No obstante, este necesario y sano consenso que se reclama en momentos duros, se olvida en otros tiempos de bonanza o simplemente de menor dificultad. Y así se van posponiendo acuerdos y reformas importantes por el interés coyuntural de los grandes partidos.

     Después de  más de treinta años de Constitución y de normalidad democrática se imponen una serie de acuerdos globales o grandes pactos que deben corregir o cerrar de una vez para siempre asuntos de vital importancia para la estabilidad del sistema. Y eso sólo puede hacerse con el acuerdo de los dos grandes partidos, PSOE y PP, sin excluir, por supuesto, a los pequeños que quieran sumarse.

    Es necesario cerrar para siempre algunos asuntos relacionados con el Estado de las Autonomías como la delimitación clara de las competencias, la financiación o las políticas lingüísticas que garanticen los derechos de todos. España no es ni puede ser de hecho la suma de 17 realidades diferentes cada una tirando para un lado.

    Es urgente que la sanidad y la educación tengan un modelo único de calidad, servicios y derechos para todos los españoles por igual. No puede seguirse permitiendo que haya ciudadanos de diferentes categorías dependiendo del lugar en donde vivan porque su Comunidad Autónoma entiende la sanidad de diferente manera que otra o porque utiliza la educación como medio para imponer un determinado modelo ideológico o lingüístico.

    De la misma forma, es conveniente un acuerdo para reformar la actual Ley Electoral de tal manera que corrija los problemas detectados en estos años: tiranía de pequeños partidos nacionalistas, mecanismos que eviten el transfuguismo, sobre todo en los Ayuntamientos. No estaría mal que se instaurara la elección directa de los alcaldes como sucede en Francia.

     También debería existir una Ley sobre retribuciones de cargos públicos, una ley estatal que obligara a todos. No es presentable, sino inmoral e injustificado, que haya Presidentes de Comunidad, Consejeros, Alcaldes y hasta concejales que cobren más de que el Presidente del Gobierno.

   Todo esto es necesario y compatible con otros consensos más o menos coyunturales como las medidas contra la crisis, la reforma de las pensiones e incluso las reglas del mercado laboral. Ojalá este momento de dificultad sirva al menos para pactar los acuerdos necesarios, tanto los urgentes como los importantes.     

** Nota: Artículo publicado en el tristemente desaparecido periódico digital "Extremadura al día" el 3 de mayo de 2009 y que por su vigencia reproducimos.

lunes, 11 de junio de 2012

Feria, playa y rescate

    Llegó la Feria, la nuestra, la genuina, la de Plasencia y con ella, como viene siendo ya tan tradicional como la propia fiesta, también llegó la playa para muchos placentinos. Lo mismo da que los festivos sean dos o tres, que sean jueves y viernes o viernes y lunes; el personal agarra la maleta y en cuatro horas, más o menos, se planta en alguna de las playas de Huelva o Cádiz.
    Este año, además de la vuelta al trabajo, para los afortunados que lo tienen, con el recuerdo de la fiesta vivida o de la playa recorrida, nos hemos encontrado con el rescate sí o rescate no de nuestra economía.
   Viniendo de la playa escuché a Rajoy y me pareció convincente. Estuvo enérgico, claro y contundente. Un poco más tarde hice lo propio con Rubalcaba que también dijo algunas cosas, no todas,  de sentido común y que parecen verosímiles.
   Entonces, ¿quiénes tienen la razón, los que niegan el rescate o los que dicen que hemos sido rescatados en todos los sentidos?
   Ante estas situaciones de índole político, donde cada cual suele arrimar el argumento a sus intereses, yo siempre me voy al centro, a ni todo blanco ni todo negro, sino un poquito de cada. A mi juicio ha habido un rescate, pero no un rescate a nuestra economía, sino un rescate bancario a través de un crédito que los bancos afectados tendrán que devolver, aunque del mismo responde el Estado. Por tanto, no estamos ni de lejos ante una situación como la de Irlanda, Grecia o Portugal ni a este rescate financiero, por lo que sabemos, se le van a poner las condiciones que a esos tres países, cuya economía está intervenida. En este sentido, tiene razón Rajoy.
  Pero, por otro lado, el rescate financiero supone caer en una situación que ningún país quiere a priori y que, como dice Rubalcaba, todos tratan de evitar, señal inequívoca de que no es ninguna lotería ni ninguna suerte, aunque sea infinitamente mejor que el rescate puro y duro.
  Conclusión: mejor sería no tener ningún tipo de rescate, pero si hay que tenerlo que sea así.