Todo
el mundo ha oído alguna vez la célebre frase “Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible”. Esta
sentencia, atribuida al famoso torero Rafael Gómez “El Gallo”, pero que en
realidad parece pertenecer a un ministro de Napoleón llamado Talleyrand, aunque
seguramente el ingenioso matador también la dijera a su manera; sirve perfectamente para retratar el
momento que viven las finanzas del Estado.
Después de medidas y más medidas contra la crisis a base de repartir
dinero público, la caja del Estado está ya en números rojos y no queda más remedio que tomar medidas para
seguir teniendo unos ingresos que permitan seguir gastando. Esto es, subir los
impuestos.
El gasto desbocado de un Gobierno incapaz y la caída de los ingresos por
el parón del consumo han herido de muerte a las arcas públicas. El Ejecutivo en
lugar de llevar a cabo un plan de austeridad y un estudio serio de cómo
acometer los retos de la crisis sin hipotecar a las generaciones futuras,
vuelve a tomar el camino más fácil: subir los impuestos para tener más dinero y
poder seguir gastando.
Los datos oficiales de la situación económica española comparados con
los de los países de nuestro entorno ya no dejan duda de nuestra gravedad y de
que los argumentos sobre una crisis global que no tiene que ver con las
políticas o los gobiernos nacionales, no se sostiene. Mientras Francia,
Alemania o Inglaterra, por no mencionar a EEUU, están dando ya signos de
recuperación, aquí nos encontramos en el peor momento económico con una caída
del 4,2% del PIB y una destrucción de
casi un millón y medio de empleos en un año.
El consumo de los hogares continua cayendo. Es significativo que El
Corte Inglés, un verdadero termómetro de la economía familiar, haya visto reducidos sus beneficios casi en un 50% o que el líder de
las grandes superficies, Carrefour, haya perdido en el primer semestre del año
58 millones de euros frente a los más de 700 millones que ganó en el mismo
periodo del año anterior.
La realidad, la triste realidad, es que nuestra economía no levanta
cabeza y la política de subsidios y de creación de puestos de trabajo precarios
e improductivos, además de ser pan para hoy y hambre para mañana, no contribuye
a la solución del problema, al menos en la misma medida e importancia de los
recursos empleados.
Al final, como dice el dicho, lo que no puede ser, no puede ser. Cuando
se saca más de lo que se mete, la caja se vacía y para cerrar el círculo no hay
más remedio que tomar medidas. Las hay más fáciles y más difíciles. Está claro
que a este Gobierno y a este Presidente no les gustan los retos complicados.
Negaron la crisis y perdieron un tiempo precioso, después sacaron la chequera y
repartieron dinero sin acierto y ahora, los de siempre, los que viven de una
nómina, no los ricos como afirman de
forma demagógica, deben pagar sus
errores, excesos y alegrías con el dinero público a través de más impuestos que,
finalmente, sólo servirán para crear más paro y recesión.
** Artículo publicado en "Extremadura al día" el 30 de agosto de 2009, preludio de lo que sucede hoy.